lunes, 25 de diciembre de 2006

Lecturas antes de pasar por caja

«En estas fechas de desenfreno consumista, os proponemos una serie de lecturas que analizan la sociedad de consumo y proponen acciones para modificarla.

Los estudios sobre consumo y consumismo han llegado de manera relativamente reciente a nuestro país, a partir de la última década. El análisis de la sociedad de consumo, sus hábitos compulsivos y alienadores y la esclavitud que supone la compra han originado un buen número de libros que tratan de detectar sus mecanismos para primero comprenderlos; a continuación, denunciarlos; y, finalmente, transformarlos.

El más completo y riguroso de todos ellos es La era del consumo (Siglo XXI) del catedrático de sociología Luis Enrique Alonso. El volumen es ideal para iniciarse pero también para ahondar metódicamente en el tema. Partiendo de una excelente base teórica, revisa los principios de la sociedad postfordista, el nuevo paradigma del consumidor o cómo los nuevos espacios sociales han sido reconfigurados en torno al consumo.

En ese sentido, es muy interesante Coerción (Círculo de Lectores) de Douglas Rushkoff. En él se exponen los diferentes métodos que utilizan vendedores y publicitarios para presionar a los compradores y condicionar su compra: desde técnicas empleadas antiguamente en la CIA hasta estrategias emocionales concienzudamente preparadas o la disposición de espacios modificados para fomentar la compra sin reflexión. Lo espeluznante es lo terriblemente familiares que nos resultan todas ellas.

El estudio de la divinización del consumo (con sus ritos, sus símbolos y sus templos) es uno de los aspectos que destacan en ¿Otro consumo es posible? (Ediciones de la Tempestad), de Anna Papiol y Joan Vinyets. De ritmo ligero, se detiene también en las mutaciones en el concepto de moda o en los nuevos nichos de mercado que han acaparado las empresas -productos étnicos, tradicionales, friendly, naturales y ecológicos-.

Una compra, un voto

Cuando compramos algo en realidad estamos ‘votando’, pues estamos apoyando y favoreciendo a una empresa en detrimento de otras. No de manera casual, las empresas que logran precios más bajos, el principal condicionante para que compremos un producto determinado, suelen conseguirlo mediante una rebaja considerable en los derechos laborales de sus trabajadores y en las medidas ambientales (el denominado ‘coste ambiental’). En ese sentido, si cuando compramos lo hacemos a empresas cuyas políticas nos parecen adecuadas- o las menos perjudiciales-, potenciamos la pervivencia de esas políticas a la vez que sancionamos (económicamente, el único lenguaje que entienden) a las corporaciones cuyas conductas rechazamos. Por ello, primero debemos conocer los mecanismos de producción de los objetos de consumo y las particularidades de cada empresa, para que compremos sabiendo qué hay detrás de cada uno (consumo consciente). Seguidamente, apoyaremos con nuestra compra aquellas empresas, proyectos y cooperativas (consumo crítico).

Rebelión en la tienda (Icaria), de Centro Nuovo Modello Sviluppo / CRIC, analiza esa perspectiva y enarbola esa propuesta. También Consumo, luego existo (Icaria), de Joan Torres i Prat, quien realiza un enfoque desde el poder que ejerce la publicidad (él lo denomina «complejo comercial publicitario»): seductora, tramposa y falaz.

Igualmente, así avanza Come y calla... o no (Icaria), del Centre de Recerca i Informació en Consum (CRIC, editor de la revista de referencia Opcions. Información para un consumo crítico y transformador, en cuya web, www.opcions.org, tienen abundantes números y análisis para su descarga gratuita), que insiste en esa postura con un trabajo más centrado en ejemplos, experiencias y casos concretos, como el aceite de oliva.

Esa línea es explorada igualmente en Por una ética del consumo (Taurus) de la profesora de Ética Adela Cortina, autora de otros textos de esta misma materia.

Propuestas

El ‘comercio justo’, que ya está bien asentado en nuestro país, es el medio más conocido para posibilitar un consumo crítico. Sin embargo, la cuestión no es conseguir vender productos de comercio justo a toda costa, ni reproducir las estructuras ni los planteamientos consumistas del capitalismo con unas reglas de juego supuestamente más benévolas. La clave es cuestionar el sistema de consumo y la sociedad de la mercancía a través de una manera más equitativa de establecer relaciones comerciales.

Ese debate se explora con profundidad en ¿A dónde va el comercio justo? (Icaria), de Xavier Montagut y Esther Vivas (ed.). En él se critica el comercio justo paternalista y asistencialista que empieza a ser asimilado e instrumentalizado por el sistema (como en la distribución de productos de comercio justo en grandes cadenas de hipermercados) y se apuesta por una labor realmente transformadora y global, con una visión integral, que gire en torno a unos principios que permitan un sistema de comercio justo también Norte-Norte y Sur-Sur.

Para favorecer el apoyo a empresas y proyectos con políticas sociales reales (y no simples lavados de imagen), para darlas a conocer, existen varias guías de consumo responsable por territorios. La más reciente es ConSuma responsabilidad (Traficantes de Sueños), de la Comunidad de Madrid: extensa, amplia y muy documentada. También existen en Mallorca, Navarra, Bizkaia (Vizcaya), Islas Canarias, Aragón, Castilla-La Mancha y Granada. Resultan una herramienta utilísima para llevar el consumo crítico a la práctica diaria.»

Artículo completo en el periódico Diagonal

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Una cosita. El libro Coerción de Douglas Rushkoff fue editado primero por la editorial "los libros de la liebre de marzo". Y es recomendable que la conozcaís por sus otros libros imprescindibles

David Nalvay dijo...

Durante unos meses compartí piso con un chico que sólo consumía productos de factura europea (incluso para sacar dinero de los cajeros primero se fijaba en el modelo y dónde había sido fabricado). Sus motivaciones eran más de carácter económico que social, aunque he de reconocer que me impresionó la coherencia de sus convicciones.

Lo cierto es que yo suelo guiarme más por la razón precio-producto, que por criterios de apoyo o no a los fabricantes. Ya que hace unos días decidí no contribuir al crecimiento económico de cierto refresco de cola, tendré en cuenta también este artículo y, al menos, iré introduciendo en mi lista de la compra otros criterios además del tentador de las ofertas.

Un saludo y me anoto a Douglas Rushkoff.

Anónimo dijo...

Es difícil acertar con eso de las compras. Puede que no quieras apoyar a una multinacional por cuestiones económicas-políticas y luego resulta que esa multinacional tiene una fábrica al lado de tu casa. Ejemplo yo soy del sur de la comunidad de Madrid y no compro Coca-Cola. Pero resulta que Coca-Cola tiene una fábrica en Fuenlabraba que está al lado de donde yo vivo. ¿Y toda la gente que trabaja en esa empresa? ¿Se merecen ir a la calle por trabajar para Coca-Cola?

Marla Singer dijo...

Es algo a lo que se agarran estas ratas, "si nos jodes,al final joderás a tu gente".

El tema es jodido. La pena la verdadera lástima es que no existan redes de solidaridad para contrarestar y no joder a la gente que vive de los empleos de esos negocios

A principios de siglo XX existian (con bastantes menos medios) esas redes de apoyo mutuo. La familia d
e un obrero despedido no pasaba hambre por que el resto de vecinos y compañeros se encargaban, de que no les faltase un plato de comida.

Pero claro, entre la gente existia un sentimiento de lucha, de clase y de solidaridad. No un sentiminento individualista egoista y competitivo, que tan interesadamente siembran politicos y el munddo empresarial.

Si no se recuperan esas formas de apoyo mutuo, esta claro que nos vemos muy atados moralmente, éticamente y humanamente para poder joder a esos cabrones, sin dañar a la gente a las que tienen empleados.

Cuestionarles, atacarles es intentar obligarles a que cambien el módelo productivo y de negocio actual. Suena un poco "light" pero deberían ser las primeras piedras a lanzar.

un beso

David Nalvay dijo...

Bueno, pues para continuar con el tema:

Por mi parte voy a sumamerme a la campaña contra la cadena de supermercados MERCADONA que lleva a cabo la CNT. Hoy he escuchado en boca de empleados de la pequeña ciudad donde trabajo entre semana cómo les putean, y la verdad, no creo que por dejar de consumir allí a ellos les vaya a ir peor. Tal vez si somos menos los que consumimos en la susodicha cadena, la cierren y abra otra con un poco más de ética para con sus empleados. Entre las cosas que me han contado están los consabidos despidos con el pretexto de faltar dinero en la caja, el seguimiento gestapario hacia aquellos que están de baja y el puteo laboral hacia aquellos que se atreven a opinar en voz alta.

Un saludo y muy bueno lo del billete con la jeta de Jorge Matojo (mira que suena feo el nombre del tipejo en castellano, jeje).